A la edad en que nuestras abuelas solo pensaban en qué tejer a los nietos y en preparar las viejas y sabrosas recetas que todos adorábamos, solo unas pocas trabajaban o ejercían una profesión. Nosotras somos un universo muy distinto.

Algunas somos abuelas, pero abuelas que trabajan, que eligen disfrutar un tiempo para pasar con sus nietos, que arman planes de vacaciones que los incluyen, salidas especiales y no se sonrojan con los temas que tratan los adolescentes. Otras elegimos o pudimos ingresar al mundo de la maternidad cerca de los 40 o más y aún estamos inmersas en cuestiones escolares, fiestas de cumpleaños y pijamadas.

Muchas en pareja, muchas solas, muchas con nuevas elecciones sexuales.

El gran universo de las mujeres de 50 en tan diverso que quizás el único denominador que encontramos entre todas son los cambios hormonales, que invariablemente y sin importar que hagamos, entre los 45 y los 55 estaremos atravesando la menopausia.

También es cierto que quienes trabajamos lo venimos haciendo hace 20, 25, o incluso 30 años. A veces elegimos qué hacer, qué estudiar o en qué trabajar, otras relegamos el crecimiento laboral por cuidar de nuestra familia, otras veces elaboramos infinitas listas de deseos, soñando que en algún momento los pudiéramos cumplir, con la esperanza puesta en la frase “cuando tengamos tiempo para nosotras”.

Porque las que hoy rondamos los 50, nos quedamos con los dos mundos juntos, somos la transición. En su mayoría, trabajamos dentro y fuera de casa. Recién algunas generaciones después, las de nuestras hijas, por ejemplo, lograron que el trabajo de la casa sea compartido con la pareja en porcentajes similares. La adaptación al jardín la hace quien tiene mayor flexibilidad laboral. Las compras se reparten o las hace quien mejor sabe hacerlas o más las disfruta. Los roles son cambiantes y no rígidos.

Pero volviendo a nosotras, las que hicimos de todo un poco, por qué no pararnos en este momento como un instante de oportunidades. De hacer aquello que tanto postergamos. Tenemos muchos años por delante, cómodos, vitales, con menos peso en las responsabilidades cotidianas. Por qué no jugarnos por aquello que queremos.

Hagamos un ejercicio sobre dónde y cómo nos gustaría estar en unos 5 años y qué debemos hacer para conseguirlo. Es un buen ejercicio para empezar a mover fichas, a salir de nuestra zona de confort y a llenarnos de nuevas oportunidades.

Por la Lic. Sandra Ojman de Consulta Online

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